Wednesday, March 08, 2006

Capote


Vi Capote. Y lo que más me sorprendió fue esa maldita mezcla de ficción/realidad implícita, no evidente, sino natural y fluida. Una novela que recrea un hecho real y brutal y una película que recrea la investigación de Capote para escribir esa novela. Dos soportes mentirosos (novela y película) que sostienen hechos verídicos violentos y terminales. Uno criminal y el otro literario. Dos asesinos que mueren ahorcados por sus crímenes y un escritor que queda seco y exprimido por retratar la masacre a cualquier precio. Muerte física. Muerte creativa. Novela exitosa y seminal. Película nominada y actor premiado. Notable. El arte del asesinato y el arte vampírico de Capote. Todo en cien minutos.

Tuesday, March 07, 2006

A propósito de los cuarenta


Y llegaron. La verdad es que no esperaba que ocurriera algo especial. La decrepitud se venía anunciando hace unos 5 años por lo menos: pelada franciscana irreversible, barba canosa por zonas, lentes para leer, gota, cálculos renales, problemas de memoria reciente... bienvenido a la segunda parte de la vida.
Cumplir 40 tiene una carga especial, fundamentalmente avalada por los lugares comunes: la "middle life crisis" que le llaman por ahí, la madurez del adulto joven, la consolidación familiar, la casa propia, los seguros de vida, las reuniones de apoderados (puaj!! que lata)... No falta el articulillo con testimonios de cuarentones que abandonan todo por irse a una parcela al valle de Elqui a rascarse la guata mirando las estrellas, o que parten a recorrer el mundo en bicicleta relatando sus periplos en una página web o se compran una moto y se juntan con otros desadaptados a recorrer las carreteras y se juntan en Mendoza y se compran chaquetas de cuero...
No. No me ha ocurrido ningún arrebato místico ni he experimentado epifanía alguna, salvo que no como frituras, tomo bebidas light, evito los pasteles y me compré de esos lentes plásticos para leer. Patético. Bueno, lo único que si me propuse hacer, además de ir un par de veces a la semana a un gimnasio a ver si mi guata cambia las sustancias por calugas, es un personalísimo listado de los discos, las películas y los libros que me han sacudido la cabeza en algún momento de estos cuarenta años. Ahí va.
Algunos discos imprescindibles:
The Who - Easy meaty big and bouncy
Kiss – Alive
Porcupine Tree – Lightbulb sun
Camel – Pressure point
Boston I
BTO - Freewheel
Jadis - More than meets the eye
Genesis - A trick of the tail
Yes – Close to the edge
Van Halen – 1984
U2 – The joshua tree
Supertramp – Even in the quietest moments
Pearl jam - Ten
Pink Floyd – The wall
Kansas – Point of know return
Toto I
Rennaisence – Prologue
Dead can dance – Aion
IQ – Are you sitting comfortably ?
The Police – Ghost in the machine

Algunas películas idem
Blade Runner – Ridley Scott
Magnolia – Paul Thomas Anderson
Brazil – Terry Gilliam
Naranja mecánica – Stanley Kubrick
Que bello es vivir – Frank Capra
El día que paralizaron la tierra – Robert Wise
Frankenstein – James Whale
Hora 25 – Spike Lee
Big fish – Tim Burton
Perdidos en Tokyo – Sofia Coppola
Zabriskie Point – M. Antonioni
Vertigo – A. Hitchcock
Pandilla salvaje – S. Peckinpah
Imperdonables – C. Eastwood
Ciudadano Kane – O. Welles
Zelig – W. Allen
Profesor chiflado – J. Lewis
Tiempos modernos – Ch. Chaplin
Alien – R. Scott
Fanny y Alexander – I. Bergman
La fiesta inolvidable – B. Edwards
El padrino I – F. Coppola
El francotirador – M. Cimino
Indiana Jones: cazadores del arca perdida – S. Spielberg


Algunos Libros idem
La edad prohibida –Torcuato Luca de Tena
El lobo estepario – Hermann Hesse
Fundaciones – Isaac Asimov
La conjura sixtina – Paul Vanderberg
Corazón – Edmundo de Amicis
100 años de soledad – Gabriel García Márquez
El último encuentro – Sandor Marai
Papelucho – Marcela Paz
El guardián en el centeno – JD Salinger
Historia de dos ciudades – Charles Dickens
Viaje al centro de la tierra – J. Verne
El club dumas – A. Perez Reverte
Dracula – B. Stocker
La máquina del tiempo – H.G. Wells
Historia de la locura – M. Foucault

Friday, November 25, 2005

Cuento corto 3

VIERNES 11 pm.


-¿A qué hora nos juntamos? Pregunté distraido.
Al otro lado del teléfono, Rodrigo miró su reloj Omega Speedmaster –sólo para contemplarlo- y concluyó:
-Te paso a buscar como a las 11.
-OK, abajo en la esquina. Chao...

Más o menos esa era la rutina de los viernes en la noche, en aquel Santiago ochentero. A veces con toque de queda, a veces con apagones, pero siempre sin plata. Juntarse en la casa de algún amigo con video a ver una asquerosa copia de Missing, sintiéndonos super subversivos era un panorama bastante probable.

Me acuerdo, a propósito, de esa tarde en que me citaron en un punto cerca del Parque O’Higgins para verla en la casa de alguien que nunca conocí, más encima de pie, porque eran muchos los contactados, hacía frío y la copia no era subtitulada. Pero no importaba tanto. Ver a Jack Lemmon actuando en una película en que mencionaban la palabra Chile era impresionante. Chileii, así se escuchaba. Increíble.

Otra opción de viernes por la noche era juntarse a comer un sandwich en un lugar llamado Tarascón, que creo ya no existe. Ahora pienso en esos días en que sabíamos perfectamente que terminaríamos discutiendo sobre Pinochet y los detenidos desaparecidos, que para Carlos -uno de los parqueados históricos- era mentira y todos andaban en Europa, arrancados y mintiendo sobre los militares.

Antes de juntarse, la jornada implicaba terminar de ver sagradamente el combo del canal 11 ¿o era 9?, ya no me acuerdo, que traía Tres son Multitud y luego el Show de Benny Hill, unos capítulos ingleses de los setenta con una minas rubias medio desvestidas y ese guatón sátiro y seco para el schop. Imposible perdérselo. Imposible hacer otra cosa también. Luego, bajaba en ascensor y caminaba a la esquina de Moneda y Mac Iver y Rodrigo pasaba a buscarme. Siempre así. Viernes tras viernes, durante años.

Ascensor -11:05- me miro en el espejo y pienso lo mismo de siempre, lo mismo de cada viernes. Hoy día si que vamos a conocer unas minas –así, por arte de magia, por generación espontánea, producto de nuestro irresistible magnetismo- las invitamos unas cervezas, a lo mejor estudian y viven juntas y nos llevan a su departamento y seguimos chupando y tiramos como locos.

Mientras camino a la esquina, un tipo sale de la oscuridad, estira la mano y me pasa una tarjeta.

-Departamento con niñas, tan toas ricas, es limpio y barato. Con esto le dan un descuento o un favor extra...

-Lo miro, le digo yaahhh... gracias y meto la tarjeta al bolsillo. Sigo caminando y pienso en que a lo mejor me alcanzaría la plata y a lo mejor no son tan malas las minas, un viernes que fuera, un puto viernes... En eso, escucho de la vereda del frente un tipo que grita:

-Heeyyy Nelson, no le ofrezcai nada al flaco no veís que lo pasa a buscar un peladito...

Mientras escucho detrás la risa del Nelson, el peladito viene tranquilamente dando la vuelta en su volvo rojo modelo sesentayocho y me hace un cambio de luces... Cruzo rápidamente la calle y, más encima, el peladito abre la puerta desde dentro. Sólo tengo que entrar y sentarme.

-Hola compadre cómo estás...

-Rodrigo vámonos -le respondo- hundido en el asiento y mirando fijo adelante. De reojo veo por el espejo lateral como el Nelson y el otro se apretan la guata de la risa. Como cada viernes seguramente.

Cuento corto 2

Registro documental


Fernando se preocupaba demasiado de la muerte. De su propia muerte. Desde hacía años compraba todas las revistas sobre el “más allá”, los viajes astrales, las vidas pasadas. Más de una vez fue a realizarse una regresión hipnótica para conocer sus anteriores existencias, que por lo general lo situaban como un próspero comerciante medieval o un heroico soldado francés en la primera guerra. Muchos le decíamos que eso era puro miedo a mirarse al espejo y ver una existencia normal, rutinaria y que probablemente sería así para siempre, igual que el resto de nosotros. Pero el tema siempre era recurrente. Una vez estuvo una semana obsesionado con el epitafio que quería dejar grabado en su lápida. Ojo, estamos hablando de un hombre de 35 años. Así pues, decidió que escribiría algo chistoso, sarcástico, tipo wwwpuntofernandogarcíapuntofinal. Cinco meses atrás comenzó a preparar un video de despedida con mensajes para los amigos, repartiendo sus discos, sus libros (a mí me dejó su cámara de video) y con instrucciones para su funeral: quién debe hablar, el orden de los oradores, la música –Pirámide de Alan Parsons Project- y la hora: 19:30 si es en primavera-verano y 11:30 si el funeral cae en otoño-invierno. Una cuestión de luz, según me dijo un día, ese mismo día que le pregunté si tenía alguna enfermedad terminal o pensaba suicidarse o qué le pasaba que tenía este comportamiento tan macabro y desquiciado. La muerte, me dijo, es un momento más de la vida, qué tanto te preocupas. Lo único que lo hace especial es que es el último y merece estar bien organizado. Y eso hago… Como el tiempo pasaba, el video que grababa regularmente sufría cambios. Los destinatarios de algunos de sus bienes eran removidos por otros y el encuadre del video era modificado. Algunas veces se ponía delante de una ventana que mostraba el cerro San Cristóbal, pero su imagen quedaba como silueta sin mucha definición. Otras veces cerraba el lente en su rostro, en un primerísimo plano que dejaba ver sus ojos, traspasados de miedo. Últimamente, incluía un micrófono en su solapa para que sus palabras quedaran claras y bien registradas, sin posibilidad de confusión. Hoy en la mañana me llamó Carola, la hermana de Fernando. El cable del micrófono estaba defectuoso y le propinó una descarga mortal de voltios. Todo quedó registrado en el video. La interferencia, el ruido, el golpe, las sacudidas en el piso, el humo, el silencio. Tomé la cámara –ahora mía en propiedad- y comencé a grabar mi despedida. Uno nunca sabe…

Cuento corto 1 (guión)

Café en el centro
(en conjunto con Andrés Urbina)

Escena 1

Interior, departamento de Daniel. Torres de Tajamar

A media luz, tarde de invierno, música de fondo, tele prendida, suena el teléfono hasta que la máquina responde. Mientras, la cámara panea desde el ventanal que domina la ciudad hacia el interior del depto. De repente, aparece en cuadro una mano con un cigarro encendido…

- Hola, soy Daniel, ahora no puedo responder tu llamado pero por favor deja tu recado después de la señal...
(bip, sonido de la contestadora)

-Aló, Daniel, esta es la tercera vez que te llamo, son las siete y media de la tarde. Llámame apenas llegues por que…
(Daniel apaga el cigarro, toma el teléfono y responde apresurado).

DANIEL: -Aló, ¿Alberto?, perdona compadre. Escuché tus llamadas pero me dio lata levantar el teléfono.

ALBERTO: - Daniel, pero que te pasa…

DANIEL: - No es por ti, por favor, es que he estado sentado toda la tarde, echado más bien...

ALBERTO: - Pero qué pasa, por qué esa voz, ¿viste de nuevo a la Ale?, tienes que acostumbrarte a la idea de toparte con ella a la salida del cine o comiendo en un restaurante. Lo importante es que en esos momentos tu impasible, duro, digno…

DANIEL: - No, para, si no se trata de ella, no la he visto y evito todos los lugares típicos. Lo que pasa es otra cosa. ¿Te acuerdas que te hablé de mi papá, que ya está pasado los setenta y no lo veo hace más de 20 años?.

ALBERTO: - Si, me acuerdo, que pasa con tu viej…

DANIEL:- Bueno mira, a través de mi mamá propuso juntarnos a tomar un café, mañana.

ALBERTO:- Que buena onda compadre, no sabes cuanto me alegro, pero…¿aceptaste, verdad?. No para, no me digas nada, voy para allá con unas cervecitas y conversamos.

DANIEL: - Prefiero que no. En serio. Me siento como antes de dar una prueba, calentando materia, ordenando ideas, putas si son veinte años. No. Mira... mejor te llamo mañana...

ALBERTO: - No Daniel, espera, escucha, yo te llamaba para despedirme. Nadie lo sabe todavía, y por eso quería que nos viéramos hoy...

DANIEL: - Así que tu también tenías novedades ha... Bueno ya, te espero. Tráeme unos Luckys por favor, el Principal debe estar abierto todavía.



Escena 2; Noche tipo 22:00

Interior pasillo edificio.

Las puertas de los departamentos pasan, se escucha el ascensor subir y bajar, fundido a Daniel que está en el living de su casa.

La reja del ascensor rechina constantemente en cada abrir y cerrar, Daniel tendido en el sofá, escucha música, la televisión encendida, mira al techo con detención. Se escuchan risas, llaves, portazos, tacos de mujer en el piso de arriba van de allá para acá con prisa, Daniel sigue los pasos con la mirada con un gesto de costumbre.
El ascensor se detiene en el piso de Daniel, la reja se abre y se escuchan pasos hacia su puerta

- Ahí vienen mis cigarros….
(Dice Daniel mientras se reincorpora en el sofá)

- Ahí vienen mis Luckys, y Alberto, con su apestamiento crónico y cool con la gente, la pega y la universidad, además de su nueva amiga brasilera que lo invitó a Florianópolis.
(suena el timbre del departamento)

Escena 3

Interior departamento, Daniel y Alberto en la cocina sacan vasos y destapan botellas de cerveza.

DANIEL: - Gracias por los puchos, tu sabes como se pone uno cuando se acaban. Así que te vas...

ALBERTO: - Si viejo, esto ya no da para más. Parto mañana en la noche. Sólo lo sabe mi hermana y ahora tú. Si te llaman mis papás, diles que no sabes nada de mí. Tengo una carta para ellos que se las mandaré más adelante, de algún lugar.

Caminan hacia el living con una cerveza y un vaso cada uno.

DANIEL: - ¿Y por qué tanto misterio?

ALBERTO: - Porque así hay que hacer las cosas. Piolita. Ya me empeloté muchas veces contando mis planes, intimidades, necesidades...No, ya no más. Quiero empezar de nuevo, sólo. Me voy a Brasil seguro que ahí puedo. (silencio, ambos se miran como incrédulos) Bueno, pero tú, ¿qué onda mañana con tu viejo?

Se sientan relajadamente en los sillones, Alberto pone los pies sobre la mesa de centro en un gesto de confianza.

DANIEL: - No sé. Me parece increíble, (silencio y respira hondo) y también estoy cagado de susto. (enciende un cigarrillo) No he logrado hilvanar una sola frase inteligente para empezar. (pone una actitud como displicente y con voz irónica dice) Hola papá, gusto de conocerte… hola viejo, que rico verte… buenas tardes, encantado, dónde mierda estuviste estos últimos veinte años ¿ah?… Patético ¿no te parece?.

ALBERTO: - Daniel, no seas huevón. No tienes porqué tener un discurso preparado, ni frases hechas, deja que las cosas pasen, imagínate como está él, seguro que esta cagado de susto también. Apuesto que cree que le vas a tirar toda la caballería encima. Si entras en buena onda lo desarmas compadre, y tal vez puedan conversar relajados, sin argumentos o frases prefabricadas.


DANIEL: - Putas que suena fácil ¿no?. Ser auténtico, asertivo y además acogedor. Mira quien lo dice, tú, que mañana te echai el pollo, arrancando de todo, sin asumir nada, culpando a todos los que te rodean, siendo la víctima y el héroe, no huevón, no es tan fácil, lo primero que vas a meter en la mochila es tu rollo, porque eso no se queda aquí, compadre, va contigo siempre.

ALBERTO: - Mira, cacho perfectamente lo confundido que estás y por eso entiendo todo esto que me dices, pero tu sabes que no lo vas a superar hasta que lo veas y hables con él mañana. No puede ser de otra manera y tu lo sab...

DANIEL:- Alberto, por la cresta, para. No se trata solo de reencontrarse con alguien después de un tiempo. Son veinte años, huevón. Casi toda mi vida. Más que mal es mi viejo, desde hace como cinco años que vengo dándole vueltas, acumulando recuerdos, simulando conversaciones frente al espejo, exigiendo, perdonando, entendiendo, enmierdándome, abrazándolo, y ahora me paralizo de pensar en saludarlo...

ALBERTO: - Creo que tienes todo el derecho de tener ganas de mandarlo a la mierda, de reprocharle lo que se te ocurra, que seguro es mucho, pero a veces uno no maneja toda la información, no conoce cómo fueron las cosas, o más bien siempre hay una subjetividad que confunde todo. Hay situaciones donde es mejor no escarbar. Palabras sacan palabras y este podría ser el debut y despedida si no te manejas con cuidado piensa en que...

DANIEL: - Sabes, de verdad que no me importaría no volver a verlo. A lo mejor hasta es preferible que así sea. Pero no voy, no quiero guardarme nada. Bueno, a propósito de despedidas y huevas de esas, salud compadre. Tú sabes que no comparto tu obsesión de irte, pero si piensas que es lo mejor en este momento…

ALBERTO: - No Daniel, (Alberto se pone serio, pensativo, respira hondo) no es lo mejor en este momento, ni mucho menos. Es lo único que me va quedando. Cuando uno llega al fondo no queda otra opción que salir, como sea huevón pero salir a flote, no aquí, yo ya no puedo más acá. Nada me ata. La vida me comió y me cagó varias veces. Tengo que atinar en otra parte, y no me arranco como tu dices, porque no tengo miedo y eso hace la diferencia.

DANIEL: - Es lo mismo, pero bueno, no perdamos tiempo discutiendo mierdas sin ninguna importancia, por lo menos hoy no. Salud mi amigo, por tu viaje y por mi viejo. (ambos toman un trago) ¿A qué hora partes?.

ALBERTO: - En la noche como a las once. Podrías ir a dejarme, la cosa con tu papá es en la tarde ¿no? así aprovechas de contarme todo.

DANIEL: - Ya okey, encontrémonos en el metro Salvador como a las nueve.


Escena 4

Interior café céntrico, media tarde tipo 16:00

Daniel camina dentro del café, mira el reloj y busca una buena mesa para sentarse, se fija en que la ubicación de la mesa le permita mirar hacia la puerta de entrada al café. Se sienta y mira nuevamente el reloj, se mueve nervioso. Saca una libreta y revisa algunas notas, mirando a cada rato hacia la puerta y su reloj.
Se acerca la chica que atiende las mesas, lleva una placa con su nombre, Daniel la mira y lee

DANIEL: - “Andrea” (dice en voz baja, como pensando en otra cosa)

“ANDREA” :- Si, hola, que te puedo servir

DANIEL: - No… nada…gracias… voy a esperar un poco… todavía…

Daniel mira el lugar atentamente, el café es ruidoso, entra y sale gente todo el tiempo, se escuchan risas, conversaciones, las chicas que atienden el lugar van de un lado a otro llevando y recogiendo tazas. Las mira con detención y las nota, cansadas, aburridas, con una sonrisa falsa haciendo lo que hay que hacer.
Habla bajo solo para él.

DANIEL: - A lo mejor quiso hacerlo más relajado, informal, que no parezca tanto una reunión-padre-hijo-para-conversar-cosas-importantes-en-lugar-ad-hoc. Buen comienzo.

Entra un hombre mayor al café, como mirando para todos lados, saluda amistosamente a las meseras, se acerca a la barra, Daniel lo mira atentamente, algo sobresaltado.

DANIEL: - Ahí parece que llegó. (dice suave y nerviosamente) La calvicie es casi total y usa barba, le queda bien, canosa, poblada.

Andrea le lleva un té con limón al hombre que continua apoyado en la barra


Escena 5

Exterior metro Salvador 21:00, Daniel y Alberto sentados comiendo maní tostado. Una pequeña mochila en los pies de Alberto y Daniel con mucha dedicación rompe las cascaras de maní para comer ansiosamente.

ALBERTO: - ¿Y, qué hiciste, te acercaste?

Daniel relata a Alberto el encuentro, mientras las imágenes muestran lo que va pasando (música de fondo)

DANIEL : - Cuando me dí cuenta que todavía no me reconocía, bajé la cabeza y repasé cuidadosamente lo que tan bien había pensado. Y ahí pasó…

ALBERTO: - …¿Qué pasó?

DANIEL: - Me quedé inmovilizado, no era capaz de levantarme de la mesa y acercarme, no era capaz de mover un solo dedo, se me olvidó todo, me entró un miedo horrible, !!QUEDE EN BLANCO HUEVON,… EN BLANCO¡¡. traté torpemente de ocultarme. Con cuidado lo miré y su mirada topo con la mía, me quedé helado, totalmente paralizado…(respira hondo)
… Me di cuenta que él se sentía con mucha extrañeza. Su rostro expresaba sorpresa, nerviosismo, no sé, fue súper raro. Imagínate, dos perfectos desconocidos, con veinte años de temas para conversar y un silencio infinito entremedio.

ALBERTO: - ¿Y…?

DANIEL: - Nada, agarré mis cigarros, mis lentes y salí corriendo. No sabía qué hacer, me devolví, pero casi al llegar lo ví saliendo del café. Lo seguí un par de cuadras hasta que se perdió entre la gente. De ahí me metí a un cine y lloré a moco tendido, todo en una butaca de la primera fila, no podía parar, la función terminó y yo seguía ahí llorando y llorand…

ALBERTO: - Qué increíble compadre, nada que ver con lo que conversamos anoche. El cuento se te disparó para cualquier parte, y a tu viejo también parece. Bueno, en realidad, yo no sé qué habría hecho en tu lugar. Fue demasiado no más. Imposible de procesar. Ná que hacerle, pero tienen que darse otra oportunidad. No podis abandonar, hoy se vieron, la próxima vez conversarán.

DANIEL: - No sé Alberto, no sé si tenga ganas, no se si tenga sentido…vamos…

ALBERTO: - Todavía tengo tiempo, tranquilo. ¿Tomemos unas cervecitas?

DANIEL: - No, gracias, estoy cansado, emocionalmente agotado, anda vamos…

Los dos se paran y caminan hacia la estación de metro, Alberto abraza a Daniel por los hombros

ALBERTO: - Bueno, compadre. Comunícate con mi hermana en unos días más. Quedé de mandarle mi dirección… Espero que me escribas.

DANIEL: - Si, de todas maneras. Y cuídate pos’ huevón, que te voy a echar de menos.

ALBERTO: - Si, tú también y cuidadito con buscar a la Ale, mira que esa mina yo la cacho, y ya no tiene nada que ver contigo

DANIEL: - Buena poh´, el que más atina con las minas…

Siguen caminando y bajan a la estación.


Escena 6

Interior edificio Daniel, ascensor. Noche.

Daniel entra al ascensor y aprieta el 8, la puerta se está cerrando y una mano de mujer la detiene. Entra una morena preciosa, vestida sensual y elegante, sus zapatos de taco suenan al entrar y aprieta el 9. Mira a Daniel y le sonríe seductoramente ( Daniel reconoce los tacos y piensa: “está muy rica esta minita” ). El ascensor se detiene en el piso 8 y Daniel baja lento y mirando atento a la mujer, se despide con un gesto casi infantil, juguetón.


Escena 7

Interior departamento de Daniel. Noche.

Daniel se saca la chaqueta y la tira en el sillón, camina hacia el teléfono y ve que la contestadora está parpadeando, aprieta el botón para escuchar los mensajes mientras va para el resfrigerador a buscar una cerveza. La cámara vuelve hacia el ventanal y se pierde en las luces de la ciudad…

- Hola hijo, habla tu mamá, escucha. Tu papá me pidió que lo disculparas por no haber alcanzado a llegar hoy al café. Lo de siempre, dijo, mucho trabajo. ¿Sugirió el viernes a la misma hora y el mismo lugar? Llámame para saber de ti, besitos, chao.

Música de fondo. Cámara fija en la ciudad iluminada. Créditos. Fin.

El cine como registro social


Un espejo centenario

El cine celebró en 1995 cien años desde las primeras proyecciones públicas en París a cargo de los hermanos Lumière. Estas tomas estáticas y de algunos segundos de duración fueron el origen de lo que posteriormente se transformaría en la expresión artística más novedosa del siglo y en una de las industrias más importantes en el campo del ocio humano. La evolución del invento desde una sencilla reproducción mecánica de la realidad en movimiento hasta la elaborada propuesta artística o documental, con ideas en desarrollo, ha convertido al cine y a su producto final, el film, en soporte privilegiado de las imágenes del hombre contemporáneo. El registro fílmico de las actividades humanas del siglo XX será sin duda una valiosa fuente de conocimientos para los arqueólogos del futuro.

Sin embargo, para el conocimiento de nuestra historia contemporánea, resulta importante conocer ahora este material -todavía disponible- adentrándonos en la memoria visual de este siglo. Y, al igual que la literatura, la música, la pintura o los documentos públicos, las cartas y los periódicos dan cuenta de las sociedades que los produjeron, el cine también nos permite ver reflejadas las obsesiones, miedos y estados de ánimo de una sociedad, en algunos momentos de su historia, en su calidad de producto cultural inmerso en un contexto histórico.

Por ejemplo, si nos trasladamos a la Alemania de la primera posguerra, nos escontraremos con un país extraviado, desmoralizado, en bancarrota, con sus coordenadas vitales perdidas. Una sociedad que produjo, sin embargo, una de las experiencias cinematográficas más interesantes del período mudo, conocida como expresionismo, tendencia artística ya existente desde principios de siglo. La estética y los temas de estos filmes (Gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene; Nosferatu de George Murnau, Metrópolis de Fritz Lang, etc.) muestran una visión distorsionada de la realidad, manifestada en perspectivas deformes e iluminaciones contrastadas, así como en historias manifiestamente extrañas, llenas de perversión y locura o reflexiones pesimistas acerca del futuro de la humanidad. Este estilo de cine preanunciaba, por un lado, un estado de ánimo extraordinariamente proclive a la instrumentalización política, y por otro, la llegada de un poder autoritario integrador que insuflara motivos vitales. La percepción subterránea del advenimiento del nazismo en Alemania, constituye uno de los temas más interesantes de estudio histórico-cinematográfico.

Del mismo modo, podemos trasladarnos a los Estados Unidos de los años de la depresión y encontrarnos con una cinematografía que en muchos de sus filmes de horror dejaba traslucir un latente estado de desesperación ante el desastre inevitable. Una sociedad desvalida, sorprendida ante la imposibilidad de controlar su destino. El miedo y la inseguridad ante lo desconocido provocada por la incertidumbre económica y el fin de los locos años 20, tienen su equivalencia cinematográfica en los años treinta en películas como Drácula de Tod Browning, la trilogía de Frankenstein de James Whale y R. V. Lee, King Kong de M.C. Cooper y E.B. Schuedsack, El hombre invisible del mismo Whale, y otras.

Algunos años más tarde, pasada la Segunda Guerra y en un mundo que comenzaba a vivir en la bipolaridad de la guerra fría, el cine norteamericano comenzó sistemáticamente a ser invadido por seres extraterrestres, muchos de ellos provenientes del "planeta rojo" como en la versión de la novela de H.G.Wells La guerra de los mundos (1953) de Byron Haskin. Como parte de la propaganda política antisoviética y de promoción de los valores de la libertad y la democracia entendidos siempre en el estilo de vida americano, muchas de las películas de ciencia ficción -La tierra contra los platillos voladores (1956) de Fred Sears o El día que paralizaron la tierra (1951) de Robert Wise- intentaban mantener una situación de alerta en la población ante la posibilidad de un ataque o invasión sorpresiva... desde el espacio exterior y que podría poner en jaque a la humanidad, la cual es identificada con los valores y las modalidades de la vida americana. Y no es casualidad que en los ejemplos mencionados -cine alemán y cine norteamericano- el tipo o género cinematográfico sea el fantástico, puesto que es el que mejor se presta para percibir los temores y paranoias colectivas.

El cine chileno, por su parte, se enmarca dentro de lo que podría llamarse cinematografía del tercer mundo. Países como Argentina, Mexico o Brasil son los que poseen una tradición fílmica sólida en nuestro continente, por la calidad de sus realizaciones, por la existencia -más o menos asentada- de una industria cinematográfica apoyada por una legislación de fomento y por la capacidad de introducir sus películas en circuitos de distribución internacionales. El cine chileno ha sido más sencillo en recursos e infraestructura y se desarrolló desde un principio como actividad de aficionados románticos, pioneros de la imagen en nuestro país con pocos recursos de producción o de distribución estable, sino hasta mediados de siglo. Esta creación cinematográfica, pobre en cantidad y en su mayoría desaparecida, es la que nos proponemos revisar con el fin de percibir que reflejos de nuestra sociedad aparecen -o no aparecen, lo cual también es importante- en nuestras películas. Con respecto a esto, hay períodos de la historia de este siglo, como veremos, en que el cine ha recogido los cambios y los problemas que afectan a la sociedad, y otros períodos, mayoritarios, en que el cine parece totalmente alejado de la realidad circundante, lo cual es también un sugerente indicador. Sin embargo, el énfasis estará puesto en las pocas pero valiosas producciones realizadas con un punto de vista crítico o al menos lúcido.


Cine chileno: plano general

Poco después de las proyecciones de los hermanos Lumiere en París, el cinematógrafo llegó a Chile, a mediados del año 1896. Los comentarios en la prensa relataban el asombro y entusiasmo que aquéllas imágenes luminosas provocaban en el público, describiendo las reacciones ante muros que caían y personas que caminaban y se movían en el telón. Sin embargo, durante años las películas provenían de camarógrafos extranjeros de paso por el país. Recién entrado el siglo hubo proyecciones de películas filmadas en Chile, de un par de minutos, y que registraban carreras de caballos y ejercicios bomberiles. Las primeras décadas resultaron fecundas en filmaciones documentales que registraron hechos políticos y celebraciones ciudadanas como las fiestas del Centenario de la independencia en 1910.

Las películas argumentales estrenadas durante el período mudo se iniciaron en 1916 -"La baraja de la muerte"- y culminaron con "A las armas" en 1934. Durante estos 18 años la producción fílmica alcanzó a las 83 películas, una cifra notable, sobre todo si le compara con la producción de los siguientes 40 años que apenas supera la centena. Revisando el período referido, nos encontramos con una sociedad cruzada por diversas tensiones: podemos mencionar la crisis terminal -a fines de los años 20- del período salitrero, con las consecuentes repercusiones sociales, en los centros mineros del norte, y en las urbes también. Junto a ello la sociedad mantenía una estructura esencialmente rural, acompañada de un sostenido proceso de migración campo-ciudad.
La miseria de las ciudades, por su parte, había desatado la discusión en torno a la "cuestión social", y en el parlamento las leyes sociales reposaban por años. Hay que agregar a esto la crisis del sistema político, llamado parlamentario, -golpes militares de por medio- como consecuencia de la decadencia de los sectores dirigentes y la dilatada cuestión de los límites con los vecinos peruanos, que durante los años veinte creó cierto ambiente de expectación.

De las 83 películas del período 1916-1934, la gran mayoría, más del 80%, corresponde a films cuya temática se desarrollaba en un ambiente rural estereotipado, con cuecas, paisajes, campesinos perdidos en la gran ciudad, romances y finales felices (Alma chilena, Por la razón o la fuerza, Corazón de huaso, Como don Lucas Gómez , Canta y no llores, corazón). O bien, a películas que tenían como argumento comedias de equivocaciones, boxeadores en desgracia y melodramas urbanos al estilo de las películas norteamericanas que llegaban a Chile y que eran favoritas del público. Este tipo de cine no tenía otro horizonte que el de entretener y distraer livianamente -objetivo no poco importante en una época de crisis como fueron los años 20-. El hecho de recurrir al mundo campesino y sus costumbres -como escenario preferido- nos habla de una mentalidad rural dominante, en busca de autoafirmar la identidad, en parte, en lo folklórico-campesino. Esta tendencia imperante de rescate rural nostálgico puede evidenciar un latente rechazo a la llegada de la cultura urbana industrial, por la vía de la entretención. Además, el modelo norteamericano de comedias de equivocaciones y las estrellas del "star system" (Theda Bara, Douglas Fairbanks, etc.) eran muy populares en Chile y sus vidas y películas llenaban las páginas de las revistas de cine de la época como "La semana cinematográfica" y otras.

Sin embargo, pongamos atención a un grupo de películas (14), que por sus argumentos, revelan preocupaciones sociales e intereses un poco más elaborados y en plena sintonía -o sintonía más explícita- con su contexto histórico. Estas películas es posible agruparlas de la siguiente forma: 6 podríamos denominarlas como alusivas a un estado de ánimo patriótico-bélico, con argumentos basados en la Guerra del Pacífico o en supuestos conflictos con Perú o Bolivia, o bien que recurren a patriotas legendarios de la época de la independencia como Manuel Rodríguez, con el fin de cultivar un sentimiento nacionalista. Estas películas son: Manuel Rodríguez (1920, Arturo Mario) primer intento de largometraje histórico, con las aventuras del guerrillero durante el período de reconquista; El odio nada engendra (1923, Alberto Santana) un romance enmarcado por un conflicto bélico derivado del problema de Tacna y Arica; El húsar de la muerte (1925, Pedro Sienna) notable recreación histórico-épica del héroe legendario Manuel Rodríguez; Bajo dos banderas (1926, Alberto Santana) una trama de espionaje ambientada en los desiertos de Antofagasta durante la Guerra del Pacífico; Patrullas de avanzada (1931, Eric Page) conflicto sentimental en medio de una supuesta movilización militar en el norte y A las armas (1934, Nicanor de la Sotta) una historia de amor frustrado por una guerra contra Bolivia.

Estos filmes, más allá de la anécdota argumental, recogen todo el peso histórico del conflicto armado entre Chile, Perú y Bolivia a fines del siglo pasado y las incertidumbres que su desenlace proyectó en el tiempo. Durante los años veinte el plebiscito por la soberanía definitiva de la zona de Tacna y Arica (problema postergado por el sistema de tratados posconflicto) mantuvo una situación de precario equilibrio en las relaciones entre Chile y Perú, lo cual generó un estado de ánimo bélico y patriótico en la sociedad chilena que estos filmes recogieron y a su vez ayudaron a reproducir.

Por otra parte, tenemos otras 5 películas que se enmarcan claramente dentro del drama social con características de denuncia. En 1920 se estrenó Uno de abajo (1920, Armando Rojas Castro) historia familiar de miseria y alcoholismo; Pájaros sin nido (1922, Carlos Cariola) es un filme de sensibilización social sobre la infancia abandonada; Los desheredados de la suerte (1924, Carlos Pellegrin) es una película que manteniendo el formato tradicional de aventuras y final feliz, retrata la sordidez del mundo de las cárceles y la imposibilidad de rehabilitarse y reintegrarse a la sociedad; Madres solteras (1927, Alberto Santana) explora el tema en los sectores pobres y acomodados y Cocaína (1927, Alberto Santana) polémico acercamiento al mundo de los drogadictos.

Las temáticas abordadas por estas películas ofrecen un variado perfil de problemas sociales, estrechamente vinculados a la situación socioeconómica de los sectores más postergados de la sociedad como los niños abandonados, el mundo de las cárceles, el alcoholismo (que aunque trasciende estratos sociales, en los sectores pobres adquiere características más dramáticas), la maternidad no institucional o las drogas. La "cuestión social" -en algunos de sus tópicos más interesantes- está presente en estas películas, registrando una realidad que recién capturaba la atención del discurso político. Se filmaron además otras 3 películas interesantes de mencionar por sus argumentos: El empuje de una raza (1922, Pedro Sienna) filme de propaganda política, con características de documental turístico-histórico-económico, pensamos, que en sintonía con la necesidad de autoafirmación nacional de la época. Otra película es Luz y sombra (1926, Jorge Délano) la cual, de acuerdo a su argumento (un militante arrepentido de poner bombas), se trataría de un temprano manifiesto anticomunista. Un último título es El monje (1924, Alberto Santana) un intento de reflexión sicológica en torno a la religiosidad, pionero en su época.

La aparición del cine sonoro a fines de los años veinte en norteamérica implicó una revisión del lenguaje cinematográfico y la aparición de géneros nuevos como el musical. En Chile, la primera película sonora data de 1934, Norte y Sur (Jorge Délano), lo cual, sin embargo, no significó un repunte industrial o una efervescencia creativa. Por el contrario, hasta 1940 apenas se filmaron 7 películas.

Por esos años, el triunfo del Frente Popular (1938) afianzó a la actividad estatal como eje promotor del desarrollo económico. La creación -tiempo después- de la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, encarnó este proyecto. Esta empresa estatal consideró entre sus planes, la difusión de la cinematografía nacional a través de un organismo que contara con los recursos adecuados. La idea era montar definitivamente una industria de cine capaz de competir con las producciones argentinas o mexicanas. Chile Films S.A. fue fundada en 1942. Sin embargo, esta infraestructura fue mal aprovechada, financiando melodramas folletinescos o comedias burguesas (La amarga verdad, La casa está vacía, El Padre Pitillo, La dama de las camelias, etc.), desaprovechando una reflexión acerca de temas nuevos o aproximaciones a la realidad, en función de fundar una cinematografía nacional, no sólo desde el punto de vista de los recursos, sino, de un proyecto cultural auténtico. En 1950, Chile Films fue arrendada a particulares. Por su lado, las producciones independientes de esos años abordaron las infaltables pinceladas pintoresco-rurales y urbanas (El amor que pasa, Si mis campos hablaran, Yo vendo unos ojos negros, Memorias de un chofer de taxi, etc.), películas livianas y superficiales, distractoras, casi podríamos decir inocentemente reaccionarias ante una sociedad en cambios.

Lo más importante a partir de los años cincuenta fue la iniciativa universitaria de formar cineastas y estudiar la técnica cinematográfica a través de talleres experimentales. En 1955 fue fundado el primer cine-club universitario, el cual se convirtió un par de años más tarde en el Departamento de Cine Experimental de la Universidad de Chile. Por esos mismos años, la Universidad Católica inauguró su Instituto Fílmico. Ambos organismos realizaron valiosos filmes documentales (Láminas de Almahue, Faro Evangelistas, entre otros). Paralelamente, los largometrajes del circuito comercial insistían en temáticas ingenuas como El circo Chamorro o La rosita del Cachapoal , a la vez que se estrenaron algunas películas algo más ambiciosas como la trilogía de relatos Confesión al amanecer (1954, Pierre Chenal) y Llampo de sangre (1954, Enrique Vico) adaptación de la novela de Oscar Castro.

Al llegar los años sesenta, la realidad socio-económica y política se convirtió en preocupación por parte de muchos de los cineastas chilenos, en un afán de mirarse finalmente a sí mismos y al país. Esta tendencia reflejaba naturalmente una situación global de revolución en variados campos y compromiso político que recorría latinoamerica -influencia directa del proceso cubano- y que inauguró "nuevas olas" por doquier.

En 1965, el gobierno del Presidente Frei Montalva, decidió reactivar Chile Films, nombrando como director al cineasta Patricio Kaulen y otorgando facilidades tributarias para la internación al país de equipos y película virgen de 35 mm. Este apoyo estatal a la realización cinematográfica, permitió el desarrollo de proyectos de numerosos cineastas formados en los institutos universitarios, inaugurando el llamado "nuevo cine chileno", que partió con películas como Largo Viaje (1967, Patricio Kaulen) que abordó un tema urbano con escenas teñidas de documental antropólogico y una lectura política de la realidad de ese momento. Ese año también se estrenó la película Erase un niño, un guerrillero, un caballo... (Helvio Soto) que recogió testimonios y entrevistas acerca de la revolución, el hambre y la infancia. También en estos años comenzó a realizarse la versión internacional del Festival de Cine de Viña del Mar que se convirtió en epicentro de actividades para muchos cineastas latinoamericanos y donde se vieron algunas de las mejores películas de la cinematografía local. Del mismo modo, durante estos años se mantuvo una producción menor dentro de la fórmula de la comedia urbana con ingenuos personajes en tímidas sátiras socio-políticas como Un chileno en España (1962, José Bohr) oEl burócrata González (1964, Tito Davison)

Finalizando esa década se destacaron tres filmes chilenos considerados dentro de los más destacados de la producción chilena. Se trata de Tres tristes tigres (1968, Raúl Ruiz); Valparaíso, mi amor (1969, Aldo Francia) y El chacal de Nahueltoro (1969, Miguel Littin). Por su parte, la formación profesional de cineastas y el desarrollo del documental se vieron fortalecidos con la creación de escuelas de cine en Valparaíso y la Escuela de Artes de la Comunicación en la Universidad Católica de Santiago. A esto hay que añadir la reactivación como organismo estatal de Chile Films como parte de la política de difusión cultural hacia los sectores populares. Documentales y filmes argumentales adquirieron una responsabilidad política de propaganda del proceso que por entonces comenzó a experimentar el país con el gobierno del Presidente Allende (Voto más fusil, Compañero Presidente, Venceremos, etc). La mayoría de estas películas estaban insertas directamente en la contingencia y en el cruce de expectativas ideológicas al interior de la sociedad. Sin embargo es esta característica la que convierte toda esta producción fílmica en insustituíble fuente de investigación para aproximarse a la crisis de 1973.

Una exploración por el imaginario social de estos años, reflejado en las películas filmadas y exhibidas, proporcionaría una variada perspectiva de los laberintos de las subjetividades políticas.

Ahora bien, retomando el análisis, la producción cinematográfica del período sonoro que va desde 1934 a 1973, alcanzó a 104 películas -recordemos que nos referimos sólo a largometrajes argumentales estrenados- de las cuales 16 podemos considerar como relevantes por sus temáticas, enfocadas a dar cuenta de aspectos de la sociedad, adquiriendo algún punto de vista crítico o reflexionando más allá de la simple anécdota o de la complaciente y dominante mirada pintoresca al paisaje y a las costumbres. Y no es casualidad que estos 16 filmes se encuentren comprendidos en el período 1960-1973. No es casual pues durante estos años -como señalamos más arriba- la actividad cinematográfica en Chile se vió estimulada desde varios frentes, los cuales determinaron un sustancial cambio en la forma de mirar la sociedad a través de una cámara.

En primer lugar, resulta fundamental la incorporación de los estudios universitarios al área de las comunicaciones y la formación técnica y teórica que recibieron algunos de los cineastas que posteriormente renovaron el cine local. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, el papel desempeñado por la creación documental fomentó el interés por explorar lo propio, sin miradas necesariamente mediatizadas por la recaudación comercial y, en tercer lugar, el medioambiente revolucionario de los sesenta implicó una toma de posturas, una necesaria definición del papel del intelectual y del artista en la sociedad, comprometido con su entorno y con los cambios político-sociales.

La filmografía de los años cuarenta y cincuenta, vimos, no superó el umbral del cliché urbano-rural y las comedias al estilo norteamericano, desaprovechando la oportunidad de consolidar una industria cinematográfica al fracasar el proyecto de Chile Films, entre otras causas por endeudamientos excesivos, guiones débiles y poco rentables, etc. Asimismo, debemos agregar un elemento clave: la poderosa maquinaria productiva y distribuidora del cine norteamericano que constituyó (y constituye) una competencia incontrarrestable -y un eficaz sedante social-. A partir del fin de la Segunda Guerra, Estados Unidos se convirtió en la principal potencia militar del globo y su industria cinematográfica contribuyó en gran forma a la expansión del sueño americano y de su ideario político por todas las zonas de influencia, latinoamérica incluida, por cierto. Revisando en la prensa (El Mercurio), por ejemplo, la cartelera de diciembre de 1948, nos encontramos con que en las 65 salas de Santiago se exhibían películas extranjeras, en su mayoría norteamericanas, algunas de las cuales iban acompañadas de noticiarios de Paramount o de Fox y sólo en un programa se pasaba un noticiario de actualidad...las fiestas de la primavera. Aquél año se estrenaron solamente 3 películas chilenas (Tonto Pillo, Mis espuelas de plata y La mano del muertito, todas de José Bohr). Cinco años más tarde el número de salas aumentó a 86 (pasando de las 100 años después), con títulos norteamericanos y algunos argentinos y mexicanos y con la gran novedad que presentaban el cine Astor con la película La carga fatal en "tercera dimensión" y el próximo estreno de El manto sagrado en "Cinemascope". Interesante resulta también la publicidad para el estreno de un film -que mencionamos anteriormente- clásico del período de la guerra fría, La guerra de los mundos: "Integramente filmada en tecnicolor, con impresionantes escenas de masas aterrorizadas y de destrucción atómica...nos presenta a los marcianos en su escalofriante repugnancia y su cerebro superdotado para el ataque y la dominación interplanetaria..."

Respecto a los 16 filmes que hemos seleccionado, 10 de ellos corresponden a una temática de crítica social y de exploración a la realidad, sin recurrir al lugar común: Deja que los perros ladren (1961, Naum Kramarenko) es un intento por indagar en el mundo de las presiones y deshonestidades ante la opinión pública por parte del poder político, al interior de un conflicto familiar; Morir un poco (1966, Alvaro Covacevich) retrata el circuito alienante del hombre urbano contemporáneo, apoyado exclusivamente por sonido ambiente y música incidental. No tiene diálogos y como aproximación sociológica tuvo destacado éxito en festivales internacionales; Erase un niño, un guerrillero, un caballo...(1967, Helvio Soto) está conformado por tres capítulos que, a través de entrevistas a transeúntes anónimos y personalidades va reflexionando acerca de la infancia, el hambre y la revolución; New Love (1968, Alvaro Covacevich) retrata a un segmento de la juventud de la época, desorientada y contestataria con un discurso pacifista y crítico de toda forma de autoridad; Tres tristes tigres (1968, Raúl Ruiz) es una visión desencantada de personajes mínimos perdidos en bares y callejuelas de mala muerte, con un dejo de melancolía, falsas identidades, desamparo y frustración; Valparaíso, mi amor (1969, Aldo Francia) narra el drama de vidas miserables, infancia abandonada y sistema judicial arbitrario, con Valparaíso y todos sus contrastes de telón de fondo; El Chacal de Nahueltoro (1969, Miguel Littin) es la historia de un campesino analfabeto que asesina cruelmente a su conviviente y sus 5 hijos. Luego de pasar 3 años en la cárcel habiendo aprendido a leer y escribir, es sentenciado al pelotón de fusilamiento. Este film es una potente denuncia de la marginalidad campesina y de las contradicciones del sistema judicial; La casa en que vivimos (1970, Patricio Kaulen) es una reflexión acerca de la clase media chilena con su búsqueda de bienestar material y sus frustraciones. Veracidad social al ritmo de un hogar común y corriente; Los testigos (1970, Charles Elsesser) narra el engaño de que son objeto un grupo de pobladores que desean comprar unos terrenos para levantar sus viviendas. El hecho desencadena violencia por un lado y apatía y complicidad de la sociedad por el otro; Ya no basta con rezar (1972, Aldo Francia) es una película comprometida socialmente con los postulados de los sectores más progresistas de la Iglesia Católica, a través de la historia de un sacerdote entregado al trabajo y la defensa de los más pobres.

El hilo conductor que une estas creaciones está dado por una reflexión hacia la sociedad chilena en sus aspectos más conflictivos -pobreza, marginalidad urbana, injusticia, alienación y desesperanza- en un proceso de autoconciencia como país, a través de la expresión cinematográfica. Las películas ya no pretenden copiar el éxito de las producciones extranjeras a través de fórmulas comerciales, sino que, se atreven a mirar la realidad circundante, a reflexionar sobre ella y a veces a denunciarla y criticarla. Cualitativamente significó un salto enorme y en plena sintonía con un proceso político y social, que, desde fines de los años cincuenta, buscaba alternativas definitivas de proyecto de desarrollo como país.

Las otras películas -salvo una de carácter estrictamente religioso- abordaron temáticas variadas pero unidas por una intención de discurso político más que de denuncia o crítica social. En primer lugar el tema religioso estuvo desarrollado por el film El Cuerpo y la Sangre (1962, Rafael Sánchez) el cual reflexionaba acerca del sentido y significación de la Misa a través de una historia familiar. Es una de las pocas películas que se embarcó en este delicado tema, junto a El monje de 1924 y Ya no basta con rezar de 1972; Ayúdeme Ud. compadre (1968, Germán Becker) es un típico film de propaganda política con características de documental turístico-folklórico-musical. Avalado por el gobierno de entonces y con gran éxito de taquilla constituye un interesante documento de ingenua exaltación patriótica de la realidad, y, al parecer, por la venta de entradas, bastante efectivo; Voto más fusil (1971, Helvio Soto) constituye un recorrido por la política chilena desde fines de los treinta, con insertos documentales y reflexión en torno a la evolución de los partidos de izquierda; Operación Alfa (1972, Enrique Urteaga) es una recreación del atentado contra el general René Schneider, ocurrido en octubre de 1970 con el objetivo de crear caos e impedir la llegada de Salvador Allende al poder; Caliche Sangriento (1969, Helvio Soto) constituye una interesante película pues desacraliza la Guerra del Pacífico y su aura épica, al centrar la historia en un grupo de soldados perdidos en el desierto sufriendo la falta de agua y el implacable sol, además de insistir en las causas económicas del conflicto. Sin embargo la censura de la época la criticó por considerarla lesiva para la dignidad nacional; Largo Viaje (1967, Patricio Kaulen) presenta un sutil tono de documental antropológico al mostrar una ceremonia popular conocida como "velorio del angelito" con gran veracidad y respeto, sin caer en la postal costumbrista. Además explora en las calles de Santiago a través del recorrido de un niño que intenta llegar al cementerio para devolver a su hermanito muerto las alitas de papel. Se perfilan, por otra parte, en la película, tres estratos sociales identificables con la percepción socio-política de los tres tercios imperante por entonces.


Comentario final a modo de conclusión

Una observación general de la producción fílmica de largometrajes estrenados comercialmente desde los orígenes a los años setenta en Chile, permite percibir algunos períodos interesantes desde el punto de vista de una creación conciente de su entorno y que refleja inquietudes, temores y también proyectos e ideales latentes en la sociedad. Si bien, cuantificando la producción no se llega a las 200 películas, de las cuales 30 (mudas y sonoras) aparecen, por sus temáticas, como realizaciones importantes por su mirada hacia el país y sus problemas o reflexiones originales, estas películas están presentes en períodos de la historia de este siglo particularmente conflictivos en que se ha producido una fractura política o social. Mientras, el resto de la producción se mantuvo sostenidamente como un registro antimoderno consumido y demandado por un espectador temeroso o no dispuesto al cambio.

Los años veinte y treinta presenciaron una profunda transformación política económica y social en Chile, de la cual el cine, en algunas de sus realizaciones, dio cuenta, a través de la percepción de realidades manifiestas como la marginalidad urbana -la "cuestión social"- y algunos síntomas prebélicos producto de tensiones limítrofes de antigua data. Sin embargo esta noción es minoritaria dentro de una producción cinematográfica que, como se ha señalado, reproducía en el imaginario social una cultura aún profundamente rural, en sintonía con un país en que la mitad de su población vivía en sectores rurales y la vida urbana recién comenzaba a despertar a la modernidad. Ahora, este imaginario rural se encontraba cruzado por una serie de simplificaciones y estereotipos que mostraban la vida y las costumbres campesinas sólo por la superficie quedándose en una mirada pintoresca y anecdótica e ignorando la realidad, por ejemplo, del inquilinaje en los latifundios. Del mismo modo lo urbano se restringió al recorrido por monumentos, palacios acomodados, fiestas hípicas o balnearios aristocráticos. Esta sensibilidad reproducía la frivolidad de los sectores acomodados que trataban de imitar estilos de vida europeos y paulatinamente norteamericanos.

Los años posteriores -'40 y parte de los '50- mantuvieron esta tendencia de recurrir al conformismo de la maqueta irreal de personajes y situaciones, en fórmulas importadas del cine mexicano y norteamericano -folletines sentimentales, melodramas musicales, comedias campesinas- además de la enorme producción de los Estados Unidos que pasaba por su "edad dorada" y que copaba los mercados locales (¿satisfaciendo tal vez la necesidad de los sectores sociales medios por confirmar su autoimagen de la vida sustentada en valores como la estabilidad, la seguridad y el esfuerzo personal, a fin de cuentas el perfil pequeño burgués?).

Sin embargo, a fines de los cincuenta las certezas y certidumbres comenzaron a dejar paso al cuestionamiento de lo establecido y a la idea del cambio como objetivo político y social. Nuevamente, en este período de autoevaluación como sociedad y de enfrentamiento de expectativas tendientes a transformar una realidad por otra, el cine recogió este discurso de cambio presente en el ambiente y se convirtió en una herramienta para su concreción. La producción -minoritaria también si se considera la totalidad de películas desde 1934- volvió a entrar en un equilibrio conciente con su medio. La década de los '60 hasta el quiebre institucional de 1973 fue un período de producción fílmica fructífera y que produjo algunas de las mejores películas de la historia del cine chileno, tanto en el campo argumental como en el documental, produciéndose una unión muy cercana entre realidad y registro cinematográfico de esa realidad, mediatizado naturalmente por una fuerte carga ideológica -la misma que cruzaba muchas esferas de la sociedad en ese momento- que puede o no compartirse, pero cuya cualidad de registro cultural no puede ser omitida. Del mismo modo que lo fueron -en su contexto por cierto- algunas de las películas de los años veinte.

Ahora bien, hemos señalado más arriba que la producción de cine chileno con características relevantes, desde la perspectiva de su temática, es muy minoritaria con respecto a la totalidad. Y esta producción se encuentra concentrada en los años 20 y en los años 60. La pregunta es de rigor. ¿Por qué la gran mayoría de las películas chilenas no ha dado cuenta de su contexto? A mi parecer, las películas chilenas sí han dado cuenta de su contexto, pero en niveles diferentes, a distintas profundidades y con distintas motivaciones. Los filmes mencionados en los años 20 como receptores y diseminadores de temas latentes en la sociedad entraron en una sintonía explícita con esos temas, que estaban en el aire, en la discusión, en el discurso público. A su vez los filmes seleccionados de los años 60 también recogieron y fueron a su vez utilizados dentro de una tendencia comunicacional instrumental, el cine al servicio de una causa política y social. Y como tal son reflejo de su época.

Pero qué pasa con el resto de la producción, mayoritaria como hemos dicho, que calificamos como de entretención, folletinesca, rural-pintoresca o urbano-cómica que atraviesa prácticamente todo el siglo. ¿Son acaso películas gratuitamente realizadas, atemporales, desconectadas de su medioambiente histórico? Mi respuesta es no. Ya hemos esbozado alguna respuesta al respecto. Pienso que estas películas han reflejado, en muchos casos la otra esfera del cambio y de la contingencia político-social, evadiendo la referencia a la actualidad o a lo nacional real, sustituyéndolo por una entretención (rural y también urbana) con características conservadoras, muy poco propensa a percibir el cambio -que efectivamente se verificaba en Chile a partir de los años 30- y menos a reproducirlo. Este conformismo no cuestionador -probablemente una característica secular de nuestra sociedad- con seguridad ha incidido en la lentitud de la transformación del imaginario de una sociedad rural-conservadora a una urbana-moderna (¿o urbana-conservadora aún?). Y esto podría estar reflejado en esta mayoritaria producción "no deliberante". A esto habría que añadir la tradicional tendencia a mirar hacia afuera y copiar fórmulas y modelos, lo exiguo de la producción y la pequeñez del mercado cinematográfico local y su entrega completa a la producción norteamericana, la pobreza de los medios de producción, la ausencia de guiones más sólidos y especulativos, etc.

Como se dijo anteriormente, las películas pueden resultar interesantes por lo que dicen y por lo que no dicen también.

Santiago, noviembre de 1994 David E. Vásquez V.


Bibliografía consultada

-Vega, Alicia, et.al. Re-visión del cine chileno, Ed. Aconcagua/Ceneca, Santiago, 1979.
-Mouesca, Jacqueline. Plano secuencia de la memoria de Chile, Ed. del Litoral, Madrid, 1988.
-Jara Donoso, Eliana. Cine mudo chileno, Fondart/Ceneca, Santiago, 1994.
-Lopez Navarro, Julio. Películas chilenas, Ed. La Noria, Santiago, 1994.