Café en el centro
(en conjunto con Andrés Urbina)
Escena 1
Interior, departamento de Daniel. Torres de Tajamar
A media luz, tarde de invierno, música de fondo, tele prendida, suena el teléfono hasta que la máquina responde. Mientras, la cámara panea desde el ventanal que domina la ciudad hacia el interior del depto. De repente, aparece en cuadro una mano con un cigarro encendido…
- Hola, soy Daniel, ahora no puedo responder tu llamado pero por favor deja tu recado después de la señal...
(bip, sonido de la contestadora)
-Aló, Daniel, esta es la tercera vez que te llamo, son las siete y media de la tarde. Llámame apenas llegues por que…
(Daniel apaga el cigarro, toma el teléfono y responde apresurado).
DANIEL: -Aló, ¿Alberto?, perdona compadre. Escuché tus llamadas pero me dio lata levantar el teléfono.
ALBERTO: - Daniel, pero que te pasa…
DANIEL: - No es por ti, por favor, es que he estado sentado toda la tarde, echado más bien...
ALBERTO: - Pero qué pasa, por qué esa voz, ¿viste de nuevo a la Ale?, tienes que acostumbrarte a la idea de toparte con ella a la salida del cine o comiendo en un restaurante. Lo importante es que en esos momentos tu impasible, duro, digno…
DANIEL: - No, para, si no se trata de ella, no la he visto y evito todos los lugares típicos. Lo que pasa es otra cosa. ¿Te acuerdas que te hablé de mi papá, que ya está pasado los setenta y no lo veo hace más de 20 años?.
ALBERTO: - Si, me acuerdo, que pasa con tu viej…
DANIEL:- Bueno mira, a través de mi mamá propuso juntarnos a tomar un café, mañana.
ALBERTO:- Que buena onda compadre, no sabes cuanto me alegro, pero…¿aceptaste, verdad?. No para, no me digas nada, voy para allá con unas cervecitas y conversamos.
DANIEL: - Prefiero que no. En serio. Me siento como antes de dar una prueba, calentando materia, ordenando ideas, putas si son veinte años. No. Mira... mejor te llamo mañana...
ALBERTO: - No Daniel, espera, escucha, yo te llamaba para despedirme. Nadie lo sabe todavía, y por eso quería que nos viéramos hoy...
DANIEL: - Así que tu también tenías novedades ha... Bueno ya, te espero. Tráeme unos Luckys por favor, el Principal debe estar abierto todavía.
Escena 2; Noche tipo 22:00
Interior pasillo edificio.
Las puertas de los departamentos pasan, se escucha el ascensor subir y bajar, fundido a Daniel que está en el living de su casa.
La reja del ascensor rechina constantemente en cada abrir y cerrar, Daniel tendido en el sofá, escucha música, la televisión encendida, mira al techo con detención. Se escuchan risas, llaves, portazos, tacos de mujer en el piso de arriba van de allá para acá con prisa, Daniel sigue los pasos con la mirada con un gesto de costumbre.
El ascensor se detiene en el piso de Daniel, la reja se abre y se escuchan pasos hacia su puerta
- Ahí vienen mis cigarros….
(Dice Daniel mientras se reincorpora en el sofá)
- Ahí vienen mis Luckys, y Alberto, con su apestamiento crónico y cool con la gente, la pega y la universidad, además de su nueva amiga brasilera que lo invitó a Florianópolis.
(suena el timbre del departamento)
Escena 3
Interior departamento, Daniel y Alberto en la cocina sacan vasos y destapan botellas de cerveza.
DANIEL: - Gracias por los puchos, tu sabes como se pone uno cuando se acaban. Así que te vas...
ALBERTO: - Si viejo, esto ya no da para más. Parto mañana en la noche. Sólo lo sabe mi hermana y ahora tú. Si te llaman mis papás, diles que no sabes nada de mí. Tengo una carta para ellos que se las mandaré más adelante, de algún lugar.
Caminan hacia el living con una cerveza y un vaso cada uno.
DANIEL: - ¿Y por qué tanto misterio?
ALBERTO: - Porque así hay que hacer las cosas. Piolita. Ya me empeloté muchas veces contando mis planes, intimidades, necesidades...No, ya no más. Quiero empezar de nuevo, sólo. Me voy a Brasil seguro que ahí puedo. (silencio, ambos se miran como incrédulos) Bueno, pero tú, ¿qué onda mañana con tu viejo?
Se sientan relajadamente en los sillones, Alberto pone los pies sobre la mesa de centro en un gesto de confianza.
DANIEL: - No sé. Me parece increíble, (silencio y respira hondo) y también estoy cagado de susto. (enciende un cigarrillo) No he logrado hilvanar una sola frase inteligente para empezar. (pone una actitud como displicente y con voz irónica dice) Hola papá, gusto de conocerte… hola viejo, que rico verte… buenas tardes, encantado, dónde mierda estuviste estos últimos veinte años ¿ah?… Patético ¿no te parece?.
ALBERTO: - Daniel, no seas huevón. No tienes porqué tener un discurso preparado, ni frases hechas, deja que las cosas pasen, imagínate como está él, seguro que esta cagado de susto también. Apuesto que cree que le vas a tirar toda la caballería encima. Si entras en buena onda lo desarmas compadre, y tal vez puedan conversar relajados, sin argumentos o frases prefabricadas.
DANIEL: - Putas que suena fácil ¿no?. Ser auténtico, asertivo y además acogedor. Mira quien lo dice, tú, que mañana te echai el pollo, arrancando de todo, sin asumir nada, culpando a todos los que te rodean, siendo la víctima y el héroe, no huevón, no es tan fácil, lo primero que vas a meter en la mochila es tu rollo, porque eso no se queda aquí, compadre, va contigo siempre.
ALBERTO: - Mira, cacho perfectamente lo confundido que estás y por eso entiendo todo esto que me dices, pero tu sabes que no lo vas a superar hasta que lo veas y hables con él mañana. No puede ser de otra manera y tu lo sab...
DANIEL:- Alberto, por la cresta, para. No se trata solo de reencontrarse con alguien después de un tiempo. Son veinte años, huevón. Casi toda mi vida. Más que mal es mi viejo, desde hace como cinco años que vengo dándole vueltas, acumulando recuerdos, simulando conversaciones frente al espejo, exigiendo, perdonando, entendiendo, enmierdándome, abrazándolo, y ahora me paralizo de pensar en saludarlo...
ALBERTO: - Creo que tienes todo el derecho de tener ganas de mandarlo a la mierda, de reprocharle lo que se te ocurra, que seguro es mucho, pero a veces uno no maneja toda la información, no conoce cómo fueron las cosas, o más bien siempre hay una subjetividad que confunde todo. Hay situaciones donde es mejor no escarbar. Palabras sacan palabras y este podría ser el debut y despedida si no te manejas con cuidado piensa en que...
DANIEL: - Sabes, de verdad que no me importaría no volver a verlo. A lo mejor hasta es preferible que así sea. Pero no voy, no quiero guardarme nada. Bueno, a propósito de despedidas y huevas de esas, salud compadre. Tú sabes que no comparto tu obsesión de irte, pero si piensas que es lo mejor en este momento…
ALBERTO: - No Daniel, (Alberto se pone serio, pensativo, respira hondo) no es lo mejor en este momento, ni mucho menos. Es lo único que me va quedando. Cuando uno llega al fondo no queda otra opción que salir, como sea huevón pero salir a flote, no aquí, yo ya no puedo más acá. Nada me ata. La vida me comió y me cagó varias veces. Tengo que atinar en otra parte, y no me arranco como tu dices, porque no tengo miedo y eso hace la diferencia.
DANIEL: - Es lo mismo, pero bueno, no perdamos tiempo discutiendo mierdas sin ninguna importancia, por lo menos hoy no. Salud mi amigo, por tu viaje y por mi viejo. (ambos toman un trago) ¿A qué hora partes?.
ALBERTO: - En la noche como a las once. Podrías ir a dejarme, la cosa con tu papá es en la tarde ¿no? así aprovechas de contarme todo.
DANIEL: - Ya okey, encontrémonos en el metro Salvador como a las nueve.
Escena 4
Interior café céntrico, media tarde tipo 16:00
Daniel camina dentro del café, mira el reloj y busca una buena mesa para sentarse, se fija en que la ubicación de la mesa le permita mirar hacia la puerta de entrada al café. Se sienta y mira nuevamente el reloj, se mueve nervioso. Saca una libreta y revisa algunas notas, mirando a cada rato hacia la puerta y su reloj.
Se acerca la chica que atiende las mesas, lleva una placa con su nombre, Daniel la mira y lee
DANIEL: - “Andrea” (dice en voz baja, como pensando en otra cosa)
“ANDREA” :- Si, hola, que te puedo servir
DANIEL: - No… nada…gracias… voy a esperar un poco… todavía…
Daniel mira el lugar atentamente, el café es ruidoso, entra y sale gente todo el tiempo, se escuchan risas, conversaciones, las chicas que atienden el lugar van de un lado a otro llevando y recogiendo tazas. Las mira con detención y las nota, cansadas, aburridas, con una sonrisa falsa haciendo lo que hay que hacer.
Habla bajo solo para él.
DANIEL: - A lo mejor quiso hacerlo más relajado, informal, que no parezca tanto una reunión-padre-hijo-para-conversar-cosas-importantes-en-lugar-ad-hoc. Buen comienzo.
Entra un hombre mayor al café, como mirando para todos lados, saluda amistosamente a las meseras, se acerca a la barra, Daniel lo mira atentamente, algo sobresaltado.
DANIEL: - Ahí parece que llegó. (dice suave y nerviosamente) La calvicie es casi total y usa barba, le queda bien, canosa, poblada.
Andrea le lleva un té con limón al hombre que continua apoyado en la barra
Escena 5
Exterior metro Salvador 21:00, Daniel y Alberto sentados comiendo maní tostado. Una pequeña mochila en los pies de Alberto y Daniel con mucha dedicación rompe las cascaras de maní para comer ansiosamente.
ALBERTO: - ¿Y, qué hiciste, te acercaste?
Daniel relata a Alberto el encuentro, mientras las imágenes muestran lo que va pasando (música de fondo)
DANIEL : - Cuando me dí cuenta que todavía no me reconocía, bajé la cabeza y repasé cuidadosamente lo que tan bien había pensado. Y ahí pasó…
ALBERTO: - …¿Qué pasó?
DANIEL: - Me quedé inmovilizado, no era capaz de levantarme de la mesa y acercarme, no era capaz de mover un solo dedo, se me olvidó todo, me entró un miedo horrible, !!QUEDE EN BLANCO HUEVON,… EN BLANCO¡¡. traté torpemente de ocultarme. Con cuidado lo miré y su mirada topo con la mía, me quedé helado, totalmente paralizado…(respira hondo)
… Me di cuenta que él se sentía con mucha extrañeza. Su rostro expresaba sorpresa, nerviosismo, no sé, fue súper raro. Imagínate, dos perfectos desconocidos, con veinte años de temas para conversar y un silencio infinito entremedio.
ALBERTO: - ¿Y…?
DANIEL: - Nada, agarré mis cigarros, mis lentes y salí corriendo. No sabía qué hacer, me devolví, pero casi al llegar lo ví saliendo del café. Lo seguí un par de cuadras hasta que se perdió entre la gente. De ahí me metí a un cine y lloré a moco tendido, todo en una butaca de la primera fila, no podía parar, la función terminó y yo seguía ahí llorando y llorand…
ALBERTO: - Qué increíble compadre, nada que ver con lo que conversamos anoche. El cuento se te disparó para cualquier parte, y a tu viejo también parece. Bueno, en realidad, yo no sé qué habría hecho en tu lugar. Fue demasiado no más. Imposible de procesar. Ná que hacerle, pero tienen que darse otra oportunidad. No podis abandonar, hoy se vieron, la próxima vez conversarán.
DANIEL: - No sé Alberto, no sé si tenga ganas, no se si tenga sentido…vamos…
ALBERTO: - Todavía tengo tiempo, tranquilo. ¿Tomemos unas cervecitas?
DANIEL: - No, gracias, estoy cansado, emocionalmente agotado, anda vamos…
Los dos se paran y caminan hacia la estación de metro, Alberto abraza a Daniel por los hombros
ALBERTO: - Bueno, compadre. Comunícate con mi hermana en unos días más. Quedé de mandarle mi dirección… Espero que me escribas.
DANIEL: - Si, de todas maneras. Y cuídate pos’ huevón, que te voy a echar de menos.
ALBERTO: - Si, tú también y cuidadito con buscar a la Ale, mira que esa mina yo la cacho, y ya no tiene nada que ver contigo
DANIEL: - Buena poh´, el que más atina con las minas…
Siguen caminando y bajan a la estación.
Escena 6
Interior edificio Daniel, ascensor. Noche.
Daniel entra al ascensor y aprieta el 8, la puerta se está cerrando y una mano de mujer la detiene. Entra una morena preciosa, vestida sensual y elegante, sus zapatos de taco suenan al entrar y aprieta el 9. Mira a Daniel y le sonríe seductoramente ( Daniel reconoce los tacos y piensa: “está muy rica esta minita” ). El ascensor se detiene en el piso 8 y Daniel baja lento y mirando atento a la mujer, se despide con un gesto casi infantil, juguetón.
Escena 7
Interior departamento de Daniel. Noche.
Daniel se saca la chaqueta y la tira en el sillón, camina hacia el teléfono y ve que la contestadora está parpadeando, aprieta el botón para escuchar los mensajes mientras va para el resfrigerador a buscar una cerveza. La cámara vuelve hacia el ventanal y se pierde en las luces de la ciudad…
- Hola hijo, habla tu mamá, escucha. Tu papá me pidió que lo disculparas por no haber alcanzado a llegar hoy al café. Lo de siempre, dijo, mucho trabajo. ¿Sugirió el viernes a la misma hora y el mismo lugar? Llámame para saber de ti, besitos, chao.
Música de fondo. Cámara fija en la ciudad iluminada. Créditos. Fin.